ESTÁ BIEN NO ESTAR BIEN DESPUÉS DE TENER UN BEBÉ
- entreellasperu
- 24 abr 2025
- 2 min de lectura
Convertirse en madre es una experiencia profundamente transformadora. Se celebra como un momento de amor, ternura y nuevos comienzos. Pero también puede ser un tiempo de lágrimas inesperadas, pensamientos confusos, soledad y culpa. Y de todo eso, se habla poco.
Durante el posparto, el cuerpo se recupera, pero la mente se revoluciona. Las hormonas cambian, el sueño se altera, las demandas del bebé son constantes, y las emociones se vuelven intensas y contradictorias. No es raro que muchas mujeres se pregunten: “¿Qué me pasa? ¿Por qué no estoy tan feliz como todos esperan?”
Lo cierto es que hasta el 75% de las mujeres pueden atravesar dificultades emocionales en el posparto, desde tristeza leve hasta trastornos más serios como depresión o ansiedad. Sin embargo, la gran mayoría de ellas no busca ayuda psicológica. No porque no la necesiten, sino porque no encuentran espacios que comprendan sus ritmos, su vulnerabilidad y su nueva realidad.
Muchas veces, las barreras son invisibles pero potentes:
Falta de tiempo (¿cómo pedir una hora entera cuando el bebé no duerme más de 20 minutos?)
Sentimientos de culpa por “no estar disfrutando” como se esperaba
Dificultades para encontrar espacios donde puedan estar con el bebé sin sentir que interrumpen
Creencias culturales que minimizan el malestar emocional: “Es normal, ya se te pasará”, “Eso le pasa a todas”, “Sé fuerte”
En medio de este panorama, lo que muchas mujeres necesitan no es una terapia tradicional con exigencias de puntualidad, silencio o ausencia del bebé. Lo que necesitan son espacios amables. Donde puedan hablar sin culpa, llorar si hace falta, pedir ayuda sin sentir que están fallando. Espacios donde no se les exija estar bien peinadas, ni tener respuestas para todo. Donde puedan ser escuchadas con empatía, en la complejidad y belleza de lo que significa maternar.
Cuidar la salud mental en el posparto no es un lujo. Es una necesidad. Y no solo por la madre, sino también por el bienestar del bebé, de la familia y del entorno. Una madre contenida emocionalmente tiene más recursos para sostener, amar y criar.
Este no es un llamado a ser más fuertes, sino a ser más sostenidas.
Que hablar de salud mental materna deje de ser tabú.
Que pedir ayuda no sea visto como debilidad.
Y que cada vez más mujeres encuentren el apoyo que merecen.




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