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¿Para qué sirve preocuparse?

  • entreellasperu
  • 30 ago 2024
  • 4 min de lectura

Actualizado: 26 feb 2025

Preocuparse es algo común, forma parte de los mecanismos psicológicos del ser humano, pero ¿por qué nos preocupamos tanto? Se supone que su función es alejarnos del peligro, del malestar mental y encontrar estrategias para solucionar los problemas, pero a veces se convierte en una tortura de la cual no sabemos como escapar.

La función de las preocupaciones es afrontar, planificar o solventar un problema. Cuando existe una dificultad, visualizamos las diferentes formas de afrontamiento, valoramos los pros y contras de cada una de ella y elegimos la solución, así pondremos fin a nuestro malestar.
Por ejemplo, Cuando una persona va a una entrevista de trabajo, si se preocupa por conseguir el puesto, puede anticiparse conociendo el perfil de la empresa, los principales clientes, el sector en el que opera, entre otros. Esta información puede ser muy útil durante la entrevista, ya que demuestra al seleccionador su interés por la empresa y su cuidado al obtener información sobre el lugar donde pretende trabajar.

La preocupación, en un nivel normal, es positiva e incluso necesaria. Es como un resorte propulsor que nos prepara para la acción y nos lleva a ejecutar planes. Si nos preocupamos por una determinada cuestión, es porque le damos importancia en nuestra vida.

¿Cuándo la preocupación deja de ser funcional?
Se convertirá en problemática cuando no termine su curso, no llegamos a la solución pese a nuestra perseverancia de continuar dando vueltas al problema.
Allí ya estamos hablando de la preocupación excesiva que es aquella que se escapa de nuestro control. De esta manera, los pensamientos nos invaden de forma desordenada, desencadenando respuestas puramente emocionales y minando nuestra capacidad de reflexionar racionalmente sobre un problema.
Esto sucede:
·        cuando no depende de nosotros su control ni la solución.
·        cuando no está basada en problemas reales
·        cuando la probabilidad de ocurrencia es baja
 
Si se da una de estas tres situaciones y nosotros continuamos preocupándonos es cuando surge sintomatología ansiosa, incertidumbre, pensamientos distorsionados, falta de concentración, problemas de sueño y malestar psicológico general.
En este caso, la premisa frente a la que actuaría nuestro cerebro sería la siguiente: aunque no pueda hacer nada, al menos me preocupo. Justificando así la preocupación.
 
Consecuencias de la preocupación excesiva
Los efectos de la preocupación excesiva están directamente asociados al estrés que domina el organismo. La concentración de hormonas como el cortisol y la adrenalina aumenta, provocando respuestas como ansiedad, malestar gastrointestinal, latidos cardíacos acelerados, sudoración, entre otras.
A medio y largo plazo, el exceso de preocupaciones resulta en trastornos mentales significativos, como ansiedad generalizada, pánico y fobias.
 
¿Qué hacer si nuestra preocupación es excesiva?
1.      debemos categorizar nuestros problemas y preocuparnos por los que sean reales y solucionables.
POR EJEMPLO:
Si mi preocupación es sobre una entrevista de trabajo,
¿depende de mi control? ¿es un problema real? La respuesta en este caso es “sí”.
Efectivamente, es una preocupación en la que el control y la solución está en uno mismo, pero ¡ojo! No todo, ya que la parte de preparación sí depende de nosotros, pero la de “clasificación” no. Por esto, debemos ser muy conscientes de hasta donde llegan nuestras competencias respecto a las preocupaciones.
Por tanto, es adecuado preocuparse por cosas que puedan tener solución y que dependan de nuestro control.
 
2.      Para aquellos problemas que no la tengan, conviene realizar un ejercicio de aceptación de la realidad; una observación y comprensión de lo que ocurre, independientemente si me gusta o no.
De esta forma, podré abandonar la queja y enfocarme en la acción para mejorar ese aspecto. El negar la realidad, nos hace no ser conscientes de lo que sucede eliminando cualquier posibilidad de cambio y resignándonos a la situación.
 
3.      Por más simple que parezca, el ejercicio físico es el mejor tratamiento antiansiedad natural. El ejercicio reduce la tensión, barre el exceso de frustración, mejora el bienestar, mejora el sueño, restringe la tendencia a comer en exceso, ayuda en la concentración y reduce la distracción. Hacer ejercicio debe formar parte de un plan para reducir la ansiedad y controlar las preocupaciones.
4.      Exterioriza tus problemas Habla. Escribe. Saca los problemas que tanto te atormentan de tu cabeza. Descríbelos detalladamente para entender por qué son tan impactantes para ti. Al mismo tiempo, busca posibles soluciones, enumerando las que son más viables y las que no.
No podemos ver todos los factores involucrados en nuestros problemas cuando están en nuestra mente. Pensamos y analizamos demasiado, complicando lo que es simple. Por eso, la mayoría de las veces, lo que existe en nuestra cabeza no se corresponde con la realidad.
Cuando exteriorizas tus preocupaciones, percibes que no son tan complejas. En realidad, hay soluciones para ellas. La magnitud que tenían dentro de ti se pierde a medida que las percibes como realmente son: problemas solucionables como todos los demás.
5.      Sin embargo, si ya ha hecho varios intentos de deshacerse de la preocupación, si ha intentado seguir estas orientaciones y no logra despegarse de ella, si continúa presente en su vida, causando sufrimiento o incluso paralizándolo, tal vez sea necesario buscar un especialista. Un psicólogo puede ayudarlo a comprender y lidiar con sus preocupaciones.

RECUERDA QUE:
La preocupación es como la presión arterial: todos necesitamos de ella en cierto nivel, pero en exceso puede convertirse en algo perjudicial para nuestra salud.

 
 
 

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